DIARIO DE UN DIRECTOR. Día cero y día 1. Antes de nada, la inspiración.

Aviso importante: esta es una historia de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.


DIARIO-DE-UN-DIRECTOR-PORTADA

 

Mientras trabajo en el oficio que me da de comer y paga mi hipoteca, sueño con dirigir alguna vez mi propia película. Empezar por un cortometraje, hacer unos cuantos…, dos, tres…, y curtirme en el arte del cine.

Me gusta escribir. No sé si lo hago bien o mal, porque nunca doy a leer mis relatos, algunos no terminados. Mal hecho según los entendidos en esto, me refiero el darlos a leer. Se supone que mientras más gente lo lea más ideas te pueden aportar o te pueden abrir los ojos respecto a algo que tú realmente no has visto. En mi opinión esto dependerá de la forma de ser de cada uno, tanto del que escribe como del que lee. Yo soy como soy, y mi ego directivo y creativo es a veces peor que yo.

 

libreta vacía

 

 

Llegados a este punto, quiero hacer un inciso y detenerme en describir a los tres tipos de personas con las que creo que puedo encontrarme cuando doy a leer mi relato: “el optimista palmero“, “el pesimista destrozador de ilusiones” y el “realista positivo“. Existe también una extensión de éste último, que sería el “realista negativo“, pero más bien se convierte, al ser negativo, en el “pesimista destrozador de ilusiones“, no tan brusco como éste, pero igual de efectivo.

Primer caso. El optimista palmero. ¿Por qué es optimista y por qué es palmero? Es optimista porque lo ve todo positivo, y es palmero porque te aplaude y te da palmaditas en la espalda a tutiplén mientras te idolatra y se ilusiona incluso más que tú mismo. Es aquella persona que, le des lo que le des, te va a decir que escribes genial, que le encanta la historia, que eres un crack o que ya mismo te ve en la alfombra roja o recogiendo un Goya. Es el tipo de público ideal, el que le encantaría ser colega de alguien relacionado con el mundo del cine y presumir de ello. Quiere verte arriba, en lo más alto, y lo dice y lo piensa de corazón, ojo…, pero porque es tu colega.

Segundo caso. El pesimista destrozador de ilusiones. ¿Por qué es pesimista y por qué es destrozador de ilusiones? No hay que dar muchas explicaciones para saber cuándo una persona es pesimista. Lo es cuando cree que el mundo es injusto (aunque lo sea) y que tienes que tener un padrino para que puedas llevar tu guión a lo más alto. Lo que no sabe el pesimista es que tú no quieres llevar tu guión a lo más alto sino que, simplemente, quieres rodarlo. Si llega más alto o menos alto ya se verá y dependerá de muchos factores, no de tener padrino o no. Así que este pesimista te coge el guión y empieza a ver problemas, no sólo ya de escritura (en diálogos o en narración) sino también en producción. Necesitas pasta, te dice. O sea, tú necesitas pasta. Repito: tú. Y es cuando viene la segunda parte, la del destrozador de ilusiones, porque sabes que tú no tienes pasta. Y en vez de ayudarte a conseguir los recursos mínimos te deja tirado por el suelo aconsejándote, como buen colega, que encierres este corto bajo llave hasta que vengan mejores tiempos, y escribas otro más sencillo (que tampoco rodarás si se lo das a un nuevo pesimista destrozador de ilusiones).

Tercer y último caso. El realista positivo. ¿Por qué es realista y por qué es positivo? Realista porque lee tu guión como el que lee un libro que le acaban de regalar. Vale, no lo ha comprado pero tiene esperanzas en que esté bien, eso sí, lo hará cuando le venga en gana, probablemente en unos dos o tres meses. Si le preguntas te dirá su impresión sin tapujos, sin palmearte la espalda y sin destrozar tu carrera. Te dirá los pros que le ves y te dirá los contras, pero lo hará desde el cariño que te tiene y porque sabes que has confiado en él para obtener una opinión de espectador crítico. Y todo ello será positivo, tanto si te dice que está mejor o está peor tu narración.

Por eso no he dado nunca a leer mis relatos, no vaya a ser que me encuentre con el optimista palmero o con el pesimista destrozador de ilusiones. Sí, lo sé. Puede que sea un error, pero hasta ahora no he tenido el valor psicológico como para enfrentarme a ninguno, sobre todo a éste último.

 

En mi rutina diaria me invento historias, y me gusta. Tengo varias en el cajón, guardadas, inacabadas pero impolutas… Me divierte y me anima a seguir escribiendo. Quizás se me dé bien. Pero como nadie me lee la única impresión que tengo es la mía y la de mi HP photsmart.

Voy a escribir un corto. Voy a empezar por ahí mi andadura audiovisual. Está decidido.

notepad parquePero, ¿sobre qué escribo?

He oído que muchos guionistas se inspiran en las cosas cotidianas. Observan a la gente y evalúan su comportamiento. Se imaginan historias mientras están sentados en un banco en el parque. He oído que algunos aprovechan los atascos para estrujar sus neuronas. Otros se llevan una libretita a su mesita de noche y, entre sueños, anotan palabras sueltas que Morfeo les dicta. Qué paranoias… A mí no me ocurre eso. He probado a sentarme en un parque y observar a la gente, nunca he creado nada de esta manera, me distraigo con las palomas… He probado lo de los atascos, y una vez conseguí escribir algo tan bueno que al día siguiente lo tiré a la basura, ni siquiera lo guardé en el cajón de mis historias inacabadas pero impolutas… Y cuando duermo, Morfeo está dormido junto a mí, por lo que es incapaz de dictarme una sola palabra y, todas las mañanas, mi libretita sigue en blanco.

 

erase una vez

 

 

¡Eureka!

Hoy me ha venido la inspiración. Lo ha hecho en forma de gotas de agua. En una mañana cualquiera de un día al que llamo “cero” pero que es en realidad el día 1, apagué de un golpe mi resignado y dolorido despertador y fui al baño. Encendí la radio y abrí el grifo de la ducha. Es noviembre, hace frío. Me estaba quedando helado, así que puse el agua, calculando al tacto la temperatura, a unos cuarenta y dos grados exactos, grado arriba, grado abajo, y me introduje en aquel habitáculo que empezaba a tener aspecto de sauna. Al cerrar las cortinas me di cuenta de que, entre el ruido del agua cayendo y la pequeña insonorización de las cortinas, no llegaba apenas a escuchar la música que sonaba. Pero ya era demasiado tarde para salir a darle más volumen, así que me relajé bajo la lluvia artificial y, así, casi por casualidad, tras unos  veinte minutos de gasto incontrolado de ese bien tan preciado, la inspiración me dejó el storyline de mi primer corto, que rápidamente anoté en el primer papel que encontré a mi paso, aquella libreta vacía de mi mesita.

 

 

 


  1. Mateo says:

    Genial 🙂 Felicidades por la web. Me está ayudando mucho a afianzarme en este mundo del cortometraje.
    Acabo de escribir un corto, hace unos meses, no sé si lo rodaré o no. Es mi primer corto. Y mi inspiración vino simplemente andando por la calle, paseando. Empecé a pensar en algo, ese algo trajo otro algo y, al final, acabé, como bien has dicho, con el storyline. Con la idea. Resultado: 10 páginas. Aún me queda por perfilarlo. Espero que hables otro día de cuántas versiones necesita un guión para darlo como definitivo.
    Respecto a lo de darlo a leer, pues mira, aún ni siquiera me lo he planteado, creo que todavía está muy verde como para hacer nada.
    Saludos!

    • Me alegro.
      Pues te adelanto que, a mi parecer, ni siquiera cuando estás rodando el corto dejas de hacerle modificaciones. Así que un guión no es el definitivo nunca, aunque hay que respetarlo lo máximo posible salvo fuerza mayor. Cuando tú eres el guionista y director no va a haber problemas en la modificación. Si el guionista es otro, pues depende. Depende de ti, de quien ha escrito el guión y de qué tipo de modificaciones y cuántas modificaciones quieras hacerle.
      Gracias por comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *