DIARIO DE UN DIRECTOR. Día 5. Correcciones en rojo sangre.

Cuando das el guión a leer esperas que guste. Pero a veces, lo que vuelve son críticas y correcciones que desmontan tu guión y hacen tambalearse tu historia. La decisión está en tu mano.


Le di mi guión a la profesora del ciclo de realización que estoy cursando… el otro día… en la biblioteca… Había sacado aquella copia con mimo, por mi impresora, en papel normal y calidad óptima. Calidad óptima, repito… Había descartado la opción de papel fotográfico, aunque había pasado escuetamente por mi cabeza. Y también había descartado la de borrador porque era de una calidad paupérrima para mi primer borrador, valga la redundancia, que lo único que tenía en común con aquella calidad era el nombre. Grapé mis preciadas veinte páginas más la portada y las metí en una mica de plástico transparente, para que protegiese y, a la vez, pudiese dejar pasar los destellos de mi gran preciado primer borrador de mi primer guión. Estaba pletórico, como se está la primera vez de cualquier cosa que gusta…

 

biblioteca - diario de un director - infocortos

 

Encontré, como digo, a mi profesora en la biblioteca del centro y, sigilosamente, me acerqué a ella.

– Hola.

– Hola. – Respondió.

– Aquí te traigo el guión que te comenté.

Mi profesora cogió el guión…, mi preciado guión…, con aquel título que no me gustaba…, hizo un rulo con él…, sí,  un rulo, que me parece más despectivo que cilindro…, y lo metió en su bolso.

– Luego – me dijo – cuando esté en casa, lo leo.

Permanecí unos instantes parado, mirando aquel insignificante rulo, insisto en esta palabra, que contenía el trabajo de tantos días, semanas…, allí, esperando a ser leído como si se tratara de los ingredientes de un bote de champú, al que observas al alcance de tu mano, cuando un apretón traicionero te ha impedido coger alguna revista o artefacto electrónico. Allí…, como si no valiera nada, metido en un bolso de aspecto hippy curtido en mil batallas.

 

hand - diario de un director - infocortos

 

Hoy me lo ha devuelto, corregido. Me pregunto porqué tienen esa manía, los profesores en general, de corregir con rojo. El rojo duele. Sobre todo cuando hay mucho. Y éste es el caso… Eso no es tinta, es sangre… es mi sangre…, que me has apuñalado y has escrito con ella todas esas malditas correcciones, pensé en aquel momento.

No hay página que no haya sido apuntada y apuntalada. Hay tal cantidad de anotaciones, modificaciones de diálogos, acciones y opiniones, que si pudiera pesar por separado cada una de las tintas, la roja del bolígrafo y la negra, óptima, de la impresora, dudo cuál pesaría más.

Esta profesora es el tipo de persona a quien preguntas algo y no para de decirte cosas hasta que se cansa y se va, o te quita de en medio porque, o no quiere que pierdas el tiempo o porque no quiere que se lo hagas perder a ella. Dos contestaciones perfectamente válidas y habituales a la hora de acabar sus conversaciones son: “bueno, vete ya, que yo hablo mucho y no te quiero entretener más”; o: “bueno, ahora no te puedo contar más cosas porque tengo que irme”. De esta última manera me despidió esta tarde dándome el guión corregido, lleno de anotaciones al margen y entre párrafos.

 

escritura - diario de un director - infocortos

 

Me he quedado un momento parado, de nuevo, inmóvil, más tiempo incluso que cuando le entregué el guión, mirando estos papeles que ahora tengo frente a mí, y pensando en qué podía haber pasado para que hubiera tanto color rojo sobre mi maravillosa historia.

Ni corto ni perezoso me he puesto a revisar todos aquellos comentarios color sangre sobre mi pulcro borrador de Cautivos en Silencio, nombre que posteriormente cambiaría a Que el Olvido te lleve. Me di cuenta entonces de la cantidad de fallos que tenía. Bien porque me lo dijera ella, bien porque eran totalmente lógicos. Y es que, a veces, esos fallos, los tiene que sacar a la luz una persona distinta al propio guionista novel para que éste se percate de sus errores. Al verlos, señalados sobre el papel, los comprendí al instante.

En algunas correcciones estaba de acuerdo, en otras no. Normalmente con las que estaba de acuerdo eran las de repeticiones o duplicidades de las mismas palabras en frases cercanas, en vez de buscar sinónimos o escribirlas de manera distinta. Básicamente ayudaría en la legibilidad del guión. Sin embargo, con las que no estaba de acuerdo era con las que aconsejaban otro planteamiento de la trama. Es posible que estuviese tan mal escrito que el final no se entendiera, y que en mi cabeza estuviera muy claro pero no había sido capaz de plasmarlo en papel.

 

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Era la primera persona que me había aconsejado un cambio de la historia, el segundo fue un Sebas., un conocido al que creía entendido en temas audiovisuales, y supongo que así será (aunque mi visión sea totalmente distinta incluso actualmente), y al que pedí ayuda para la realización del corto. Le pasé una copia del guión por correo y le pregunté su opinión. Más que una opinión o crítica recibí un consejo que básicamente puedo resumir en: cambia la historia de tu corto. Lo cual, evidentemente, no sucedería. Una cosa era que me ayudasen a orientarme y otra es que me dijesen qué debo escribir, hasta ahí podía llegar mi pequeño orgullo indie… Si cambiaba la historia tal y como él me decía, la veía menos mía y más de otro. No, eso no podía ser, podría funcionar pero no sería mi historia. Perdería la esencia de aquella neurona que un día se paró en la oquedad de mi cerebro para darme la idea básica, esencial y primitiva del cortometraje.