Hoy hemos contactado con Javier Extremera para hablar de su cortometraje “Hombre negro sin identificar“, que cuenta la historia de Adoum, un hombre que reside en el centro de estancia temporal para inmigrantes de Ceuta. Esperando a ser enviado a la península, decide buscar los cuerpos de dos compañeros de viaje que fallecieron en el salto a la valla fronteriza meses antes. Pronto descubrirá que quien pierde la vida al otro lado del estrecho, desaparece por completo.

Hablamos con Javier sobre el corto, rodado en Ceuta y alrededores, en el cementerio de Santa Catalina y en la asociación San Antonio.

Infocortos: ¿Por qué elegiste ese título? Es un tanto brusco, frío quizás…

Javier Extremera: Cuando estaba con la preproducción, ya después de haber conocido a Adoum y de un primer viaje a Ceuta, allí mismo, cogiendo un periódico de Cádiz, había llegado un grupo de inmigrantes. Algunos habían muerto y se estaban enterrando en el cementerio de una ciudad de Cádiz (no recuerdo el nombre), y había una foto en el periódico que me impactó bastante. Era la de un operario de ese cementerio, que estaba con una varilla escribiendo en el cemento del nicho “Varón negro sin identificar”. Entoces me pareció que aquello podía ser un resumen muy interesante para la idea de la película, que era, por un lado, la espera de estos inmigrantes en Ceuta, que no tienen a dónde ir, y por otro lado, esa gente que cuando muere en Ceuta se la olvida, pierden el nombre y ganan un número.

I.: ¿Cómo conociste a Adoum?

J.E.: Lo conocí a través de una asociación que se llama San Antonio, de Ceuta. Estaba buscando poder hablar con algún inmigrante, sobre todo por el tema de investigación más que buscar un personaje. Entonces les conté un poco qué es lo que quería, y ellos me pusieron en contacto con Adoum. Tenían clarísimo que era la persona con la que tenía que hablar. Hay un problema con la gente que llega… es que es un tema tan… tan duro para ellos, que muchas veces no quieren hablar por el dolor que les produce recordarlo todo. Y con Adoum muy bien. Ya me avisaron desde la asociación, que era un tío muy abierto, desde que llegó quería ayudar a otros compañeros. Así que hablé con él por Facebook, y a los diez minutos estábamos los dos, él en Ceuta y yo en Madrid, simplemente por palabra escrita, llorando… llorando por su historia. Adoum lo cuenta como si fuera una historia ajena casi, y me llegó muy adentro.

I.: ¿Cómo llegó Adoum a Ceuta?

J.E.: Adoum llegó el día 25 de diciembre del año 2015. Cruzó por la valla. Hubo un salto fronterizo de unas cien o ciento y pico personas. Cruzaron cerca de la costa. Y cuando lo hacen así, se meten en el mar a esperar que venga la Cruz Roja para evitar las devoluciones en caliente de la Guardia Civil. Así que imagínate…, 25 de diciembre, en Ceuta…, el agua por el cuello…

I.: Hay mucha presencia de mar y de tiempo de espera que pasa sin resultados.

J.E.: Sí. En la película, por un lado, me interesaba coger esa fracción de la historia, que para mí es la parte más desconocida, desde que ellos salen de casa y llegan a Ceuta que hemos visto muchas veces en prensa o en documentales en televisión, y ese momento en que ya les vemos en Europa, de manteros o haciendo otros trabajos. Y mientras pasa esa fracción de tiempo de espera, un tiempo duro, porque realmente están esperando a ser juzgados, es una especie de limbo o de “barzakh”, como decía Adoum, esperando a que desde la península decidan por un cupo, por nacionalidad, por antecedentes…, todo ello si consiguen cruzar y ver el objetivo enfrente, que eso para ellos es demoledor, ver el objetivo delante y no poder alcanzarlo, o volver a la casilla de salida, volver a su casa y empezar de cero.

 

 

I.: Cuando hablas de números en tu cortometraje, paraste en un número concreto. ¿Qué número es y qué significa?

J.E.: Sí, el 75. Cuando llegué a Ceuta y me di cuenta de que lo único que hacía allí la gente era esperar, me interesé también por cómo la gente gestionaba la espera. Le pregunté a Adoum qué era lo que hacía, y lo que realmente hacía era sufrir, comerse la cabeza con todo lo que había pasado y lo que tenía delante. Le pregunté si quería que hiciéramos algo y me dijo que lo que quería era encontrar a sus dos amigos que habían fallecido en el salto fronterizo del Tarajal, donde murieron muchas personas, y él sabía que estaban aquí. Así que nos pusimos a buscar por todos lados, por la Guardia Civil, por asociaciones, preguntamos a las monjas que asistieron a los entierros de los inmigrantes, en funerarias…, y no encontramos nada. Supimos después que en el cementerio de Ceuta había un registro de cuerpos sin identificar e hicimos una cuenta de estos cuerpos, que fue precisamente ese número, 75. Estuvimos después en el cementerio y, efectivamente, eran 75 cuerpos sin identificar.

I.: Después del rodaje me imagino que se ve con otros ojos la problemática.

J.E.: Después del documental seguimos teniendo contacto con Adoum y con la asociación. El tema es más duro de lo que puedes imaginar. El inmigrante cuando finalmente logra cruzar al otro lado se le deja en un punto que ellos no eligen, de España, en el caso de Adoum fue Jaén y, bueno, allí a buscarte la vida. Tienen un tiempo de acogida en alguna asociación, y allí a esperar a que se acabe el tiempo, si pueden encontrar algo de trabajo, y si en ese tiempo no han encontrado nada, están en la calle. Y además, con una orden de expulsión que firman antes de salir de Ceuta. Y la verdad que la situación es lamentable.

I.: ¿En ti cómo ha influido este documental?

J.E.: Bueno, al ser mi primer proyecto es imposible que no me influya. Pero siempre me llamaban la atención estos temas de inmigración y demás. Conocer de cerca todos estos rostros y cifras, ponerles nombre, poder charlar con ellos…, y al ver esos problemas que, al final, se hacen un poco tuyos, sientes esa responsabilidad, desde Europa, y te pones a pensar en lo que está pasando ahí, a  16 kilómetros de distancia, con la gente que está al otro lado.

 

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