Entrevista a Sergio Pena, director del cortometraje “Amor ansioso”.

Iván, un mozo de buena familia trabaja en una oficina, puesto que consigue con la mediación de su acaudalado padre, empeñado en hacer de él un hombre de provecho.


Amor ansioso presenta, con una sutileza digna de los grandes, un mundo lleno de codicia, de envidia y de conductas superficiales. Todo ello endulzado por la cotidianeidad y el adormecimiento que nos produce la rutina.

El cortometraje nos cuenta la historia de un chico que trabaja en una oficina. Ocupa un puesto posiblemente inmerecido, ya que ha llegado hasta allí gracias a la mediación de su acaudalado padre, y en el que es tratado con sumo miramiento, tanto, que la mayoría de sus compañeros y su jefa lo tienen como prototipo de trabajador incansable, introvertido y aprovechable en el peor de los sentidos. Sus problemas familiares le han hecho medicarse para intentar superarlos pero, a la larga, parece que le están pasando factura.

Sergio Pena, su director, nos habla sobre la esencia del cortometraje: “Quería reflejar ciertos comportamientos humanos de la vida cotidiana, en particular, lo superficial que somos. Mantenemos relaciones poco sinceras, interesadas, mezquinas e insolidarias, una marea que nos lleva y nos trae. Es una pequeña visión de la sociedad actual, contada a partir de una historia de amor.”

Y es que cada uno de los individuos con los que se enfrenta el personaje principal incita a la comparación y, al hacerlo, al compararlo, encontramos semejanza con algún aspecto negativo de la condición humana. Cada uno de estos hallazgos confronta con la actitud de nuestro protagonista, contraria, en principio, a todos ellos.

“En la película intento retratar”, declara Sergio Pena, “una sociedad que asumimos como normal, pero no debemos dejarnos absorber por la rutina y su corriente.”

Amor ansioso nos deja un gusto agrio sobre el comportamiento humano, tan cercano a nosotros que hemos asumido como habitual y al que hemos restado importancia por el mero hecho de ser cotidiano. Nos encontramos, por desgracia, con personas codiciosas, con acciones que guardan el aprovechamiento personal bajo apariencias generosas, o con hechos negativos que, tan frecuentes, nos van insensibilizando poco a poco. Situaciones, en definitiva, tan reales y a la vez tan irreales como la visión de nuestro protagonista o, incluso, la nuestra propia.

Un corto que invita a pensar en las relaciones humanas, todo ello visto desde el punto de vista del amor, ansioso, obsesionado o desequilibrado quizás, pero amor al fin y al cabo.