¿Cuántas veces has puesto la oreja para escuchar una conversación de alguien que viaja cerca de ti, que camina a tu lado o que toma un café en la mesa de al lado? Pues ese es el concepto que nos trae Manuel Jiménez en este cortometraje que, por lo pronto, ha sido premiado en el Festival de Cine Documental Alcances de Cádiz con el Premio Julio Diamante que otorga la asociación de escritoras y escritores cinematográficos de Andalucía (ASECAN) y que, además, se podrá ver en la sección oficial de Panorama Andaluz, dentro del marco del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) de este año 2017.

Aficionado a esta observación viajera, como el propio Manuel nos confiesa, nos presenta un cortometraje impregnado de voyerismo en el que posiciona al espectador desde un punto de vista distante, agazapado y atento a cada conversación ajena (completamente), y al que hace partícipe de un trozo de vida de los demás.

Curiosa, siempre, la mirada de Manuel Jiménez, que nos avanza en primicia que este corto “sirve como teaser” y que le gustaría hacer un largo con este tema. Todo esto lo profundiza a lo largo de la conversación que tuvimos con él y que puedes leer a continuación.

Infocortos: ¿De dónde surge la idea de hacer este tipo de documental, así, desde un punto de vista semi escondido?

Manuel Jiménez: A mí de algún modo siempre me ha gustado eso de pegar la oreja, cuando voy, por ejemplo, en un tren o en un autobús, y pillas una conversación entre dos personas o a alguien por teléfono. Una conversación que ya pillas empezada y que, normalmente, tampoco sabes cómo acaba, porque te bajas antes o ellos se bajan antes. Es una cosa que siempre me ha llamado la atención. Para mí es una de las distracciones viajeras que tengo. Y bueno, en un momento concreto, un día cualquiera, de pronto pensé: “cómo molaría hacer un documental de esas historias a las que uno se enchufa de alguna manera y donde tú imaginas un posible inicio, imaginas un posible final y vas rellenando huecos”. Me pareció atractivo y, claro, el siguiente pensamiento fue: “vale, sería estupendo, pero es un poco ilegal, no puedo ponerme a grabar conversaciones de la gente”. Porque también me di cuenta de que necesitaba, para tener la fuerza suficiente, que se viese al interlocutor, o sea, que se viese quién estaba hablando, no solamente oír las conversaciones. Me parecía mucho más potente. Es cierto que se aleja un poco de mi forma tradicional de hacer documentales, ya que yo soy mucho de la voz de la masa, algo así como la voz de todos que representa lo que quiero contar. Pero aquí pensé que hacía falta ver quién hablaba. Lo siguiente, por tanto, fue pensar cómo hacerlo. Y se me ocurrió que podía ser en algún lugar donde la gente fuese a hablar y que se pudiera invitar de alguna manera a ser grabados. Yo suelo ir mucho a una cafetería muy chula que hay aquí en el centro de Málaga, que se llama “El último mono”, que es un sitio muy céntrico y muy frecuentado, donde la gente va y viene constantemente.

I.: La gente sabía que se la iba a grabar porque, de hecho, se ven los micrófonos. La cámara quizás está un poco más escondida, supongo que para no invadir demasiado el espacio o para que no se sientan demasiado cohibidos pero, ¿crees que reaccionan al principio de forma natural? Porque cuando uno sabe que lo están grabando a lo mejor reacciona de manera un tanto artificial, ¿no crees?

M.J.: Sí, normalmente suele pasar que al principio se nota más artificialidad, pero de la misma manera te digo que al ratito hay una naturalidad que, o todos son estupendo actores, o por lo menos, a mí me da la sensación de que son conversaciones totalmente naturales. Nosotros dejábamos a la gente hablar todo el tiempo que quisieran, tenemos conversaciones de una hora y media, de casi dos horas, de media hora… entonces, claro, la gente se olvida un poco de que está siendo grabada y habla de cosas totalmente increíbles. También es lo que tú decías, los micros se ven, y mucho. También yo quería que se viesen para que quedase una constancia clara de que había un acuerdo. Que estaba robando conversaciones, pero con el consentimiento de los protagonistas. Aún así, las cámaras juegan un poco a ese ocultamiento. Normalmente la planificación se hizo de manera de que siempre dé la sensación al espectador de ser un espía, que está mirando desde detrás de las sillas, a través de un escaparate, que no está frontalmente allí puesto, mirando. La cámara puede cohibir a la gente un poco más, pero los micros no se asocian tanto al hecho de que “me están grabando”.

I.: Y esto, ¿durante cuánto tiempo sucedió? Porque las grabaciones no se ha hecho sólo en una tarde.

M.J.: Claro, el plan era la continuidad. Incluso contar con que se corriese la voz para que la gente si ese día no podía, que se viniese otro día con amigos o conocidos… Lo que hicimos fue secuencializar. Decidimos que todos lo martes íbamos a ir a grabar. Así que todos los martes durante toda la tarde, desde las cuatro hasta las nueve estábamos grabando en una mesa concreta. Todo el que se sentase allí, en esa mesa, todo lo que dijese quedaría registrado. En un principio hicimos una prueba para ver cómo iba la cosa y vimos que funcionaba. Al final habrán sido unos cuatro o cinco meses de grabación.

I.: ¿Te has encontrado con la misma persona en distintas conversaciones y distintos días?

M.J.: No, eso no. La gente no repetía (ríe). Sí nos ha pasado de gente que ha llegado sola y de pronto ha visto allí lo que estaba ocurriendo y ha dicho “yo quiero estar ahí”, y entonces han empezado a llamar a amigos para que se viniesen a tomar café y sentarse con ellos. Eso sí.

 

 

I.: Supongo que se hace difícil elegir una conversación o las personas que hablan ¿has llevado algún criterio?

M.J.: Bueno, el criterio ha sido el que la historia avanzase. Es verdad que ha sido muy complejo. Yo he estado un mes entero sólo minutando,  ya que yo no conocía el contenido de las conversaciones porque no las oía en ese momento. El único que las oía era el técnico de sonido y él se limitaba a comprobar los niveles y que todo entraba correctamente, pero tampoco prestaba demasiada atención a lo que estaban diciendo. Así que una vez que estaba todo grabado me encontré allí con horas y horas de grabación, y empecé a oír las conversaciones. Empecé a descubrir de qué estaba hablando cada uno de los grupitos. Y bueno, ya viendo el tema, empecé a construir la historia. Iba avanzando, hilando unas cosas con otras, busqué algunos hilos conductores para que hubiese historias que avanzaban, que no fuesen sólo anécdotas. Al final son tres hilos en paralelo que van avanzando. Son como tres montajes paralelos. Es un documental muy de montaje porque íbamos jugando con que se mantuviese el interés y se mantuviesen abiertas algunas incógnitas para que al final fueses tú cerrando las historias. Aunque como te digo, al espectador se le da un mundo de posibilidades. Ya me resulta curioso, ya que lo hemos proyectado un par de veces que ya la gente sí nos dice: “pues este es el amante de no sé quién, no?” Y yo: “pues no lo había pensado…” y te empiezan a dar posibilidades…

I.: ¿Cómo posibilidades? ¿Posibilidades de relación entre los propios personajes del documental?

M.J.: Sí, sí. Incluso hay una de las historias, que es de un embarazo que, yo no me lo había planteado, pero de pronto, alguien que lo vio me dijo: “hostias, esta pareja cómo mola”, y dije “sí, sí, a mí me gusta mucho y por eso decidí que llevasen un poco el peso de la historia.”, y me dice: “Claro, es que es muy fuerte que ella tenga su marido y la esté engañando con este tío, y encima se deja grabar ahí” y claro, yo esa versión no la había pensado, yo había pensado que eran pareja. Eso mola, porque cada uno se hace sus películas y sus historias.

I.: ¿Qué predomina más, mujeres, hombres?

M.J.: Sí es cierto que nos ha salido muy femenino. Prácticamente el noventa por ciento de las conversaciones o son sólo de mujeres o es peso lo llevan las mujeres, que es una cosa que también ha sido fruto del azar, porque yo ponía las cámaras y los micros y lo que llegase, bienvenido. Pero es curioso que al final, no sé si las mujeres son más cafeteras que los hombres o al menos van más a esa cafetería que a otra.

I.: Hombre, a lo mejor puede depender del tipo de lugar. Si eso lo pones, no sé, en una tasca, lo más habitual es que vayan hombres y de edad avanzada.

M.J.: Claro, esa es la cuestión. En realidad este corto también sirve como teaser para ver si la fórmula funciona. Y claro, viendo que funciona te das cuenta de que la puedes aplicar a mil situaciones. Porque es lo que tú dices, que si en vez de hacerlo en una cafetería más o menos moderna y joven, lo haces en una tasca el resultado es diferente porque las personas que hablan y las conversaciones que tienen son otras. Incluso puedes tematizar. Si se hacen en una cafetería de un polígono industrial las conversaciones son otras. Ha sido un poco un campo de pruebas, porque sí es cierto que me gustaría hacer un largo y bueno, la primera opción que he pensado ha sido a nivel andaluz, y decir, bueno, de qué se habla en el mismo momento en las distintas provincias de Andalucía. Entonces puede ser muy interesante. Porque está muy circunscrito al lugar y, como tú decías, que depende de dónde lo hagas el resultado es diferente.

I.: Oye tú estás siendo consciente de que yo también te estoy grabando, no?

M.J.: Sí, sí, lo sé (ríe).

I.: Te quiero hacer una última pregunta para terminar. ¿Es cosa mía o tú ya apuntabas hacia este documental hace ya muchos años? Porque recuerdo que has publicado en redes sociales una serie de fotografías “robadas” que se llamaban piezas del mundo o algo así.

M.J.: Sí claro. Pues igual este proyecto viene de eso. Desde 2010 cada día hago una foto como mínimo, y cada día subo al Facebook la foto de ese día. Son fotos de mi parte voyeur que te comentaba pero aquí llevado sólo a la fotografía. Ya te digo. Yo tengo ese punto voyeur, de mirar, de fotografiar y de grabar. En la fotografía lo llevo haciendo desde hace años con una continuidad y ahora con “Conversaciones ajenas”, empezamos esa otra parte en que ya lleva audio e imagen en movimento.

 

Aquí puedes ver el trailer del cortometraje:

 

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