Wow! Esa fue mi reacción la primera vez que vi Desierto rojo, de Noel Méndez. Un cúmulo de sensaciones pendientes de asimilar, impactado por la buenísima fotografía, actuaciones, ritmo, narrativa… Un puzzle emocional que se muestra al espectador tanto de manera visual como sonora. Una maravilla narrativa que atrapa y mantiene la tensión de manera constante, en cada escena, a cada instante. Todo eso, condensado en menos de quince minutos, es el resultado de este cortometraje.

Desierto rojo transmite a la perfección esa atmósfera opresora y onírica que el director quiere mostrar y, sin duda, consigue gracias a los matices visuales y sonoros de los que se acompaña, esos silencios llenos de información o esa BSO que se adapta al cortometraje como anillo al dedo.

Noel Méndez nos concede esta entrevista donde hemos intentado llegar, indagar y escudriñar en las entrañas de Desierto rojo, visceral como pocos. Necesitábamos, más que tener respuestas, compartir las sensaciones que se esparcen sin control cuando vemos, cuando sentimos, este magnífico cortometraje.

 

 

Infocortos: ¿De dónde surge la idea de este cortometraje?
Noel Méndez: Este cortometraje forma parte de una trilogía temática sobre los rincones más oscuros de las relaciones familiares. La trilogía no tiene un conexión temporal ni narrativa. Simplemente cada episodio se centra en una figura y relación. El primer episodio la figura central es el padre, en el segundo la esposa y en el tercero el hijo. Como nexo común está el tratamiento del sueño y la realidad confundiéndose en un devenir tenue. También el empleo de las estructuras temporales rupturistas y no lineales. Y un particular uso de la estética y la actuación, buscando amplificar al máximo las sensaciones. Es una apuesta muy personal que quiere ahondar en el trabajo por capas. Ya que muchos de los elementos de la historia están elididos expresamente y es a través del acting, la fotografía y la música donde quiero expresar la profundidad de esa realidad.
En Desierto Rojo quería explorar la mente de una persona neurótica, que es incapaz de dejar una relación que los empuja al sufrimiento, aunque existe una partícula de luz están sumergidos en un océano de oscuridad. La forma que quería trabajar era un cruce entre el cine psicológico y de relaciones con la narrativa de investigación y misterio del cine negro y el thriller. El film de «Lost Highway» de David Lynch es una de las referencias claras, la primera parte para ser exactos, pero este cortometraje sigue su propio camino y funciona de otra manera.

I: El corto comienza con un flashfordward, luego navega entre el tiempo presente y los flashback, una narrativa que hace que el espectador esté siempre atento.
N.M.: Para mi este proyecto era como un gran rompecabezas. Orson Welles decía que «Citizen Kane» se construía en la cabeza del espectador. Para mi esa era la clave. Mi intención era que el propio espectador juntará las piezas y fuera obligado a un papel activo. No me importa como acaba la historia, por eso te presento el desenlace al inicio. Me interesa más el viaje que vamos a hacer juntos, que vamos a sentir y descubrir para llegar aquí. De esta manera nos centramos en la parte sensorial, psicológica y de investigación de la trama. Después esta la diversión que puedes obtener de construir los hechos fielmente y ordenarlos temporalmente. Este es un cortometraje pensado para varios visionados, el propio cortometraje es un puzzle.

 

 

I: ¿Imaginaste por algún momento invertir los papeles? ¿Crees que se puede caer en la crítica fácil de la visión tóxica masculina de una relación trágica?
N.M.: Cuando me embarco en un proyecto audiovisual lo hago por que algo vibra en mí. Es decir, tengo una relación pasiónal con mis proyectos. Con lo cual no me suelo plantear si lo que explico es políticamente correcto o no. Eso me cierra muchas puertas puedo entenderlo. Pero te aseguro que pongo mi ser en lo que hago y lo hago con cariño y amor. No imaginé invertir los papeles porque esta es la historia de una mujer neurótica en una relación enferma. Aún le queda algo de luz. Creo que como ella todos podemos pasar momentos duros, con lo cual no la juzgo, de hecho, la trato con cariño, aunque su sufrimiento la motive a hacer acciones terribles. Intento transmitir que mis personajes también son personas con su profundidad psicologica, a veces pueden atisbar sus problemas, pero son incapaces de solucionarlos. Este tratamiento es esencial para mí, te intento mostrar que sienten y que acciones hacen, pero no hay juicio.

I: La elección del entorno es primordial para causar sensaciones en el espectador y transmitir la realidad de los personajes ¿Cómo fue la tarea de localización?
N.M.: La tarea de localización fue muy complicada. Principalmente porque tenía un presupuesto muy reducido, de unos 3000 euros para todo el rodaje. Tenía muy clara qué localizaciones quería, pero no el dinero para pagarlas. Tuvimos que buscar mucho. Básicamente hay tres lugares. El desierto de tintes rojizos. La casa que es de clase alta minimalista con vistas y con una estética que pueda ser una continuación del desierto por sus tonos y matices. Y las montañas y carreteras donde se hace el intercambio, que debían ser extensiones agrestes. En Cataluña desiertos no tenemos y primero hice un viaje a los Monegros en Zaragoza, pero era demasiado costoso. Así que finalmente optamos por el Delta de L’ebre, aunque las condiciones que nos imponían eran difíciles para nosotros, seguía siendo la mejor opción posible.
Después, la casa fue un quebradero de cabeza, no había manera de encontrar lo que quería con el dinero que disponía. Y personalmente tenía claro que si no conseguía esa localización no rodaba el corto. Entonces apareció Diana Perdomo, nuestra productora final y fue nuestra salvación. Estoy muy agradecido a su trabajo de localización y al esfuerzo que hizo para que el proyecto saliera adelante.
Finalmente quedaba la última localización que fue la más sencilla, el parque natural del Garraf. Un lugar que suelo recorrer en moto y que me impacta por sus colores y matices, tiene aridez, aunque sea verde. Es un lugar bastante salvaje ideal para el intercambio que debe acontecer.

 

 

I: El uso de la cámara es muy potente, en el sentido de angulaciones y velocidades. Además, el tono y la atmósfera, siempre opresiva, junto con el sonido y la BSO hacen del conjunto un producto muy personal ¿no es así?
N.M.: Sin duda Desierto rojo es una apuesta muy personal y que puso al límite a todos los que trabajábamos. Quería que cada área rindiese al mejor nivel posible. Eso exigió mucho en todas las fases del corto. Cada proyecto requiere un tratamiento estético y técnico diferente. Desierto rojo es un cortometraje que quiere manejar de manera muy controlada sus tiempos, cuándo se dilata y se contrae. Hay mucho trabajo de cámara fija o con suaves movimientos porque ayudan a digerir la narración, pero cuando debe acelerarse o buscar sensaciones que te metan dentro de la cabeza de la protagonista, también lo hace. Después tenemos la dirección de fotografía, debutaba Fran Romero y nuestra conexión fue excelente. Fran conocía bien que es lo que yo quería y lo ejecutaba. Una atmosfera de opuestos, cálidos y fríos, amor y muerte. Reina una apuesta estética naturalista romantizada con toques expresionistas, buscábamos la belleza formal de las imágenes para que nos pudiera acercar al drama que acontece como un choque de opuestos.
Desde el primer momento era consciente que el papel de la música y el sonido serían esencial para el proyecto. El apartado de banda sonora de Pau Escutia y sonido de Adria Mateu es francamente la mitad de este cortometraje. El trabajo musical de Pau Escutia nos abre a una profundidad emocional y rítmica alucinante. Hace crecer el relato visual a límites insospechados. Además de ser un creativo perfeccionista de primer nivel aportando soluciones a la propia narración del corto. He visto el corto muchas veces y la música de Pau me hace vibrar una y otra vez.

 

 

I: Acting brutal, casting inmejorable. ¿Qué tal la experiencia?
N.M.: Aquí se tiene que llevar todo el mérito Aimon Ninyerola. Trabajar con él es increíble, siempre aprendes. Es un maestro de actores y hace un trabajo de casting sensacional. Me encanta verlo dirigiendo actores. Desde el principio hablamos de los personajes, establecimos conjuntamente el marco de trabajo para cada uno de ellos. Después Aimon se encargó de pulir cada escena hacia donde habíamos acordado previamente. La profesionalidad de los actores de este cortometraje es un autentico lujo. Muguet, la actriz principal trabajaba por las tardes en una obra de teatro muy exigente, pero venia a primera hora con el ánimo siempre alegre. Muy colaborativa y generosa, propiciando un ambiente de confianza y cariño hacia el equipo técnico. Hubo una conexión inmediata. Todo el equipo de actores con Francesco Noccioli y Jordi Gràcia estuvo brillante. El ambiente estaba cargado de esa magia que quiere construir sueños de los que no te apetece despertar.

Desierto rojo sigue en distribución por festivales. Haz clic aquí para ver todo el material, fotogramas, trailer, datos sobre el director, actores, etc.

 

 

 

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