Bernabé Bulnes es de esos cineastas que sabes que no te van a fallar. Cualquiera de sus trabajos tiene ese algo especial que los hace únicos en su narrativa, en su forma de llegar al espectador. Son proyectos con los que el público empatiza o se identifica de alguna manera porque, todos, están ahí, a pie de calle. Historias habituales que, de ser tan corrientes, pueden llegar a pasar desapercibidas.

De esta manera, Bernabé Bulnes también está ahí. Para darnos un toque y activarnos en la dirección de lo que nos quiere contar, para que nos demos cuenta de la importancia de las cosas supuestamente supérfluas o aparentemente triviales. Y reaccionemos, las tengamos en cuenta o despierten nuestro interés.

Solo de Trompeta supone un aprendizaje vital de una situación concreta, una situación optimisma, una nueva vida. El director, que firma además el guión y la dirección de fotografía, nos hace bajar de la nube y poner los pies en el suelo para ver la realidad tal y como es. Por eso, Solo de Trompeta, es un cortometraje de esos que se quieren ver, y que se quieren ver en compañía. Un cortometraje que no pasa desapercibido.

 

 

El director sevillano nos concede una entrevista para hablar de cómo surgió esta historia, del rodaje y de sus próximos proyectos.

Infocortos: ¿De dónde surge la historia de Solo de trompeta?

Bernabé Bulnes: Pues la historia de Solo de Trompeta surge años atrás, cuando trabajaba en una oficina que tenían mis padres. Había un trompetista extranjero que se ponía a tocar mientras pedía dinero en la puerta del supermercado que estaba justo debajo de la oficina. Y, ¿qué ocurría? Que claro, él tocaba siempre el mismo tema, que en este caso era el tema de El Padrino, de Nino Rota. Claro, el que entraba y salía del supermercado lo escuchaba una vez, pero nosotros que estábamos en la oficina toda la mañana, un día tras otro, nos ponía ya de los nervios. Entonces, pensado en este hombre, pensando en cómo nos fastidiaba su trompeta y también en su forma de ganarse la vida, ya que al final cada uno tiene una perspectiva de las cosas, estuve un tiempo dándole vueltas a cómo contar una historia en la que se hablara de eso, de cómo se cambia de perspectiva con respecto a lo que nos puede molestar de los demás, y creí que eso podía ser significativo. Eso se unió con otra historia sobre personas mayores, pensé en mi abuela que estaba en la residencia y, de repente, una noche así, extraña, o podemos decir, epifánica, me vino el argumento de Solo de Trompeta. Así surgió.

I: Refleja el tema de la soledad desde muchos puntos de vista, el separado, el amigo, el joven y el anciano…, esto hace que se abra un gran abanico de empatía hacia el espectador, ¿no crees?

B. B.: Sí, yo creo que sí, que cualquier espectador, cualquier persona ha sentido alguna vez la soledad, y si a lo mejor no la ha experimentado, por juventud o por otras circunstancias, de una manera directa, a lo mejor ha podido verla en otras personas cercanas. Esas personas mayores que tenemos cerca o esos amigos que de repente están más solos, o no sé…, mucha gente que tenemos al lado y que tenemos la sensación de que está sola. O nosotros mismos, es raro que no nos hayamos sentido alguna vez solos. Entonces, claro, el tema de la soledad siempre suele ser algo que conecta con cualquier espectador.

 

 

I: Mención especial al sonido directo y a la interpretación del actor principal, pero vemos tu nombre en multitud de roles dentro del cortometraje, eso también merece una mención.

B. B. : El hecho de que yo aparezca en tantos roles se debe a dos causas. Una, que en los últimos años, en los cortometrajes en los que me he embarcado los he hecho sin acudir a ayudas o subvenciones y, por tanto, los he hecho siempre con presupuestos muy limitados, ya que partía todo de medios que, o bien teníamos o bien nos prestaban y, por supuesto, de un dinero básico para eso, para que a la gente no le costara el dinero estar con nosotros. Pero todo ha sido muy colaborativo y a la vez también un poquito artesanal. En este caso incluso más artesanal que otros cortos que he hecho. Coincidió que, por ejemplo, el director de fotografía con el que suelo trabajar habitualmente, que es Alejandro Espadero, para esta ocasión no pudo estar, así que me tuve que ocupar yo mismo de la cámara, con la colaboración de otros compañeros como Juanma de la Cruz y Pablo Mellado. Por eso este corto lo hicimos de una manera especialmente artesanal, primero porque estábamos un poco obligados y, segundo, porque había compañeros que no podían y, por supuesto, por esa decisión nuestra de intentar hacer historias que podamos contar con nuestros medios. El mundo de las subvenciones, las ayudas, los cortometrajes que se hacen con miles y miles de euros pues no sé, llegó un momento en que lo he evitado. Creo que se pueden contar historias de otra manera, sobre todo este tipo de historias que son pequeñitas. Tiene su encanto también a la hora de hacerlas porque es la sensación de eso, de estar haciendo algo más cercano a la artesanía que a ese concepto industrial del cine que muchas veces se habla, que de repente todo es como una súper maquinaria, muy tecnologizado y mediatizado. Este corto, en verdad, es muy artesanal desde que se concibió hasta que se terminó de montar.

 

 

I: Pues sigo por ahí porque para mí, desde mi punto de vista, me parece una maravilla ver la narrativa que utilizas y la sencillez con la que la tratas, haciendo fácil lo que realmente es muy difícil. Eso lleva un gran trabajo durante cada fase del proyecto, ya sea en la preproducción, rodaje o post-producción. Háblame de la realización del cortometraje en ese sentido, de embarcarse uno solo y tirar del carro.

B. B.: El estar también uno solo y no tan mediatizado o supeditado a unas circunstancias de producción y tal, también le da a uno un poquito más de libertad en cuanto a lo creativo. Estás muy limitado en cuanto a los recursos pero la libertad creativa es muy grande. En un primer momento había una serie de conceptos que tratamos de mantener, como por ejemplo, al principio, el cortometraje está todo rodado en cámara en mano, con muchos movimientos, un poco sucios en el seguimiento del personaje principal y, poco a poco, el corto se va volviendo más estático, todo es a través de trípodes, travelling o steady cam con idea de eso, de marcar un poco más esa tendencia que tiene el cortometraje, que tiene como dos partes muy diferenciadas; la primera es la de ese momento en el que el personaje está expectante y contento ante su nueva circunstancia vital, que está de nuevo soltero; y después ese contraste, esa parte en la que se da cuenta de que la soledad a lo mejor no mola tanto o no siempre mola como él pensaba que podía molar. Luego ocurría que, al rodar con circunstancias en las que no podíamos controlar el entorno, es decir, nada de platós, de localizaciones que pudiéramos hacer cortes de calle o que pudiéramos decidir el piso, nos obligaba a adaptarnos. La propia residencia de ancianos estaba en funcionamiento cuando estábamos rodando. Muchos de los ancianos que allí había eran personas que tienen enfermedades mentales, que no están bien, por tanto tampoco se pueden adaptar a ti, te tienes que adaptar tú a ellos, a su ritmo, a sus condiciones. Ese “adaptarte a”, si te lo tomas con naturalidad e intentas sacar lo mejor del sitio y no frustrarte porque, a lo mejor, lo que tú llevas pensado no lo puedes hacer…, si consigues superar eso, de repente encuentras que las cosas funcionan muy bien. Eso pasó en la fase de rodaje. Y en la fase de post-producción fue parecido: lo que hemos rodado es esto, ya no tenemos otra cosa, quizás hay cosas que no he rodado como quería, hay otras que no pensaba que iban a salir así, han salido así y me gusta, entonces, bueno, voy a ver en el montaje qué película cuento. Y todo esto, de repente, crea otras soluciones. De hecho, de toda la parte final del corto, lo que es el ritmo, lo que es el tempo y demás, surgió de una manera bastante espontánea a causa de eso, de que nos faltaba un poco de material con respecto a lo que estaba planteado en el guion y, dándole vueltas, dándole vueltas, llegué a un ritmo, a un algo, que estaba ahí, en el corto, pero que de repente surgió y me dio el sentido que tenía ese final.

 

 

I: No hay que olvidar los premios, tercer mejor corto en Burguillos y Premio Talento Andaluz en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, ¿qué tal?

B. B.: Los premios siempre son una alegría y más cuando llegan al principio, cuando empiezas a mover el corto. Personalmente, bueno, te llevas la alegría, pero sobre todo es una cuestión colectiva, es como una especie de reconocimiento al trabajo que hemos hecho en equipo. Como creador, una vez que terminas la creación ya estás pensando en la siguiente, yo por lo menos soy así, y tengo muchos proyectos en la cabeza y me ilusiona más lo que voy a hacer que lo que he hecho, porque lo que he hecho siempre lo miro desde un punto instacrítico, es decir, de ver lo que he podido aprender de ello, de ver qué cosas me gustaría solucionar para el siguiente trabajo… por tanto, siempre estoy pensando en el siguiente proyecto. Pero qué duda cabe que cuando esos premios llegan a trabajos anteriores te motivan para seguir y, sobre todo, te dan una oportunidad para volver a contactar con ese equipo de gente que ha hecho posible el corto y darle la alegría de que hemos sido reconocidos y premiados.

I: Eres uno de esos directores que, uno como espectador, espera el siguiente proyecto con impaciencia. ¿Algún proyecto a la vista?

B. B.: Sí, pues sobre todo el más importante que tengo a la vista es que estoy terminando de escribir el guion de, el que espero, sea mi primer largometraje. Llevo muchos años buscando un proyecto que me motivara, porque me daba mucho miedo intentar sacar una película, un largometraje con todo lo que eso conlleva y que, en mitad del proceso, perdiera el interés. Casi desde que decidí dedicarme al cine ando buscando esa historia que me interesa y, ahora, por fin la he encontrado. Estoy muy ilusionado y ya tengo un primer borrador, estoy ahora haciendo la reescritura para tener un segundo borrador. Además, tengo en mente intentar darle forma a un proyecto de serie, muy especial, para rodar en Sevilla. Básicamente esos son los dos proyectos principales que tengo ahora mismo a nivel de desarrollo.

Solo de Trompeta sigue aún en distribución con Infocortos, haz clic aquí para ver la página del cortometraje, donde tienes mucha más información.

 

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