Seguro que hay un montón de situaciones en las que has pensado: de esto se puede hacer una película.

Incluso, ha pasado por tu cabeza escribir una historia tú mismo/a, una historia que te hayan contado o una historia que hayas vivido en primera o tercera persona. Siempre hay algo que contar, y no olvides esto porque voy a hacer hincapié más adelante en esa misma frase.

Es muy probable que hayas empezado a escribir esa historia, primero a grandes rasgos y después adentrándote en los pequeños detalles.

Y es posible que te hayas quedado hasta las tantas de la madrugada escribiendo sobre aquello que parecía extraordinario y que has decidido contarlo. Todo escrito de tal manera que, quizás, a la mañana siguiente, no tenía tanto sentido y ha terminado encerrado en un cajón para el resto de sus días.

 

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Otra vertiente que desemboca en el mismo sitio, en el cajón del olvido, empieza por querer escribir y no poder hacerlo. No saber sobre qué tema hablar, no saber desarrollar en unas líneas lo vivido o tener miedo a rellenar un folio en blanco, el temido folio en blanco, con historias que para ti tienen mucho sentido y que se quedan en agua de borrajas.

Luego, tenemos el caso de aquel o aquella que escribe y que termina su relato de una manera satisfactoria y optimista. Que lo repasa, que lo versiona y que lo mueve como un puzzle del que descarta algunas piezas para encajar otras que llegan a la cadena de montaje de su cerebro.

 

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Sin embargo, por alguna razón, meses después sigues esperando a que, por gracia divina o espiritual, por casualidad o suerte, o por un conjunto de todas ellas, suene tu teléfono o recibas un email indicándote que aquello que has escrito le ha encantado a alguien con el sufiente poder, ganas, dinero y tiempo para invertirlo, todo, a fondo perdido y convertir tu historia de papel en un formato audiovisual. Y eso no va a pasar de buenas a primeras.

Todas estas situaciones ocurren. Y todas estas situaciones me han ocurrido a mí.

Yo he tenido guiones en un cajón. Guardados o descartados, que hay veces que una cosa significa lo mismo que la otra. Guiones que no pensaba sacar de allí y que al final he sacado porque he descubierto la forma de hacerlo. He tenido muchos guiones así, sí, y aún me quedan por sacar. Unos los estoy moviendo ya, otros los he movido hace un tiempo y otros los moveré, y, por supuesto, hay guiones que he tirado a la basura directamente.

Por eso te voy a contar en próximos post cómo abrir ese cajón, si es que ya has metido algo dentro, o cómo hacer para que tu historia nunca entre en él. Siempre hay algo que contar, no lo olvides.

 

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Si te has planteado esto en alguna ocasión, escribir un guión, por muy lejana que esté o por muy débil que sea ésta, si has llegado a plantearte escribir un guión, estás en el mejor sitio ahora mismo, porque en un próximo post te contaré más cosas sobre cómo seguir avanzando hacia tu objetivo.

 

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